En la Biblia, una famosa torre construida
por la humanidad unida para alcanzar el cielo causó
el enojo de Dios, quien hizo que cada persona que participó
hablara en un idioma diferente, parando el proyecto y dispersando
a estos individuos confundidos y desconectados a lo largo
de todo el planeta. s. 2. En el Cine, una película
que tiene alma propia, una torre formada por ladrillos colocados
por mucha gente y unidos por el gran maestro de la obra: Alejandro
González Iñárritu.
Al contrario de dicha historia bíblica que representa
una advertencia sobre la avaricia (aunque también un
estúpido tope a la aspiración humana), esta
obra audiovisual provocará una reacción positiva
de quien realmente manda en la Tierra del celuloide: el público.
La diferencia la marca la intención. ‘Babel’
no pretende ser un genial monumento como otras cintas, sino
que es personal, sincera y con mucho corazón.
Alejandro quería hacer un filme que hablara del dolor
universal, de “las paradojas increíbles y dolorosas
que existen en todo el mundo, que afectan a las tierras cercanas
y a las distantes y que al final se manifiestan como tragedias
individuales.”
“La mejor parte de filmar ‘Babel’ fue que
comencé a hacer una película acerca de las diferencias
entre los seres humanos, acerca de aquello que nos separa,
las barreras físicas y las que tienen que ver con el
idioma, pero en el camino me empecé a dar cuenta de
que estaba filmando una película acerca de aquello
que nos une: el amor y el dolor. Lo que hace feliz a un japonés
y a un marroquí puede ser muy diferente, pero eso que
nos hace infelices es igual para todos” comenta el mexicano
director.
“El negro” Iñárritu ha declarado
que sus trabajos fílmicos son en realidad una trilogía.
‘Amores Perros’, ’21 gramos’ y ‘Babel’
tienen una narrativa similar, con historias sin relación
aparente que al encontrarse nos recuerdan que todo en esta
vida está ligado. Claro que el decir que es una trilogía
es mera metáfora (y estrategia publicitaria), por lo
que no es necesario en absoluto haber visto las dos películas
previas para disfrutar la que nos atañe.
El guión escrito por Guillermo Arriaga es inteligente
y pone de nueva cuenta al talento mexicano en el mapa. Es
interesante la manera en que nos brinda su discurso acerca
de la comunicación mediante un personaje que curiosamente
no habla: una adolescente japonesa sordomuda. Su necesidad
de ser escuchada y expresar lo que tiene que decir es conmovedora.
Esta historia tal vez sea la más sentimental de las
que nos cuenta la película. El resto de las historias
nos demuestran la soledad en que vivimos en el mundo actual
y que son muy pocas las personas con quienes realmente contamos.
De lo que posiblemente carezca la película es de algo
de ritmo. La manera en que vamos de una historia a otra es
por momentos brusca y, aunque finalmente la relación
entre ellas es grandiosa, sería deseable hacer los
cortes con más armonía. Me refiero a que viajamos
tanto entre las historias que no se siente en plenitud el
desarrollo de la trama, es decir, disminuye la fuerza de cada
una de las etapas (introducción, desarrollo, clímax,
etc.). Otro caso es la escena de la discoteca, en la que se
abusa de los cambios al punto de vista de la joven nipona.
Estos cambios -y el respectivo corte de audio que el ser sordomuda
supone- distraen demasiado y afectan el ritmo. Hubiera bastado
un par de ellos para exponer el punto. Para terminar con las
pequeñas fallas, pareciera una mala decisión
el no terminar la historia de Santiago.
Si se le va a dar el papel a un actor
de la talla y peso específico de Gael García
Bernal, es de esperarse que se sepa su destino, especialmente
si el personaje es tan carismático.
Bueno, aquí sólo se
intentan comentar detalles que pudieron mejorar el resultado,
pues criticar seriamente los puntos recién mencionados
ya sería pecar de quisquillosos y amargados.
Una película que irónicamente tiene su grandeza
en la sencillez con que se expresa. Un mundo tan sobrepoblado
que nos tiene en soledad, donde las mayores barreras son las
internas y donde es mejor hablar con el oído. Absolutamente
recomendable. Cine comercial con contenido profundo. ¿Qué
más podemos pedir?
“Cuando hablamos de
la frontera, nos referimos a ella solamente como un lugar,
en vez de hacerlo como una idea. Yo creo que las verdaderas
fronteras son aquéllas que llevamos dentro de nosotros
mismos.”
- Alejandro González Iñárritu |