|
Entrevista con
Melvil Poupaud
¿Cómo
conoció a François Ozon?
François me pidió que hiciera
algunas pruebas para Gotas de agua sobre
piedras calientes, pero no acepté. Nunca me han gustado esas pruebas, sobre
todo si no conoces al director y no haz leído el guión. Pensé que quizás esto
lo había molestado, pero entro en contacto conmigo cuando estaba preparando 5X2. Era demasiado joven para ese papel,
pero nos llevamos muy bien y tuvimos la oportunidad de hablar sobre el asunto
aquel de la prueba. Me despertó cierta confianza y simpatía desde el inicio,
entonces empecé a ver sus películas. Me gusta ese lugar inusual que tiene en la
industria del cine francés: está rodando todo el tiempo, su estilo siempre va
cambiando pero a la vez es muy personal. Nos encontramos otra vez en la
exposición de mis videos. Un día, me dijo que quería hacer una película
conmigo. Aun no tenía el guión pero me mandó a llamar. Estuvimos un rato
juntos, después se fue a escribir y volvió con el guión un tiempo después.
¿Cuál
fue su impresión del guión?
Me conmovió mucho. Sentí una gran
conexión con el personaje. Entendí su pasado, su relación con los demás, con
sus papás, por ejemplo. La necesidad que siente Romain de acercarse a su padre
es similar a lo que yo viví cuando nació mi hijo. La escena del auto, por
ejemplo, me afectó bastante. Me identifiqué con Romain, sobre todo porque desde
niño pienso mucho en la muerte, y siempre he pensado que la forma en la que nos
relacionamos con la muerte es muy personal, es un asunto privado. Romain no
quiere que los otros carguen con el peso de su muerte, prefiere lidiar con ella
de manera solitaria. Se la guarda, como un secreto. Y después, están las
imágenes de Romain de niño. En mis videos, a menudo uso imágenes que grabé de
mi mismo cuando era niño, las traigo al presente. Como anécdota, rodar en una
playa en Brittany, con Marie Rivière en el papel de mi madre, reforzó la
impresión que tenía de que este papel era para mí. Inmediatamente le hablé a
François para decirle que me encantaría interpretar a Romain.
¿Lo
puso nervioso el hecho de que todo el peso de la película recae sobre Romain?
Sí, claro, pero más que eso,
sentí orgullo y entusiasmo. Realmente quería interpretar este papel, y me llegó
en el momento perfecto: no hace mucho que me siento lo suficientemente maduro
como actor para hacer un papel de esa altura. François ha hecho varias
películas, todas de ellas importantes, y quizás esta en particular, ya que el
personaje principal es tan cercano a él. Cuando vi Swimming Pool, me parecía que había puesto mucho de sí mismo en el
personaje que interpreta Charlotte Rampling. Ahora, en Tiempo de vivir, el personaje principal es un joven que tiene su
edad y vive, como él, en Paris…se necesita valor para verter tanto de uno mismo
en un personaje. Y, como actor, me gusta interpretar personajes sobre los
cuales el director se proyecta.
Romain
quiere dejar una huella. A través de su fotografía, por ejemplo…
No estoy tan seguro. Mira la
forma en la que ve su profesión. No se considera un artista. Es un fotógrafo de
moda a quién no le interesa mucho su trabajo, no es un megalómano. Romain no ve la fotografía como arte, las
fotos no retratan nada. No me parece que Romain quiere dejar una huella con la
fotografía.
¿Y
qué de la huella que representa el niño?
No lo veo así. No creo que Romain
esté obsesionado con dejar huella antes de morir. Creo que cuando se acerca a
la muerte, piensa que quizás el sentido de la vida está en generar vida, no
necesariamente en reproducirse, pero permitiendo que la vida pase. A mi modo de
ver, Romain no tiene un hijo para dejar una parte de él, si no para integrarse
a un ciclo. Para mí, este es el elemento más luminoso del guión.
Romain
es un hombre que aprende a aceptar su muerte…
Sí. Acepta que debe abandonar
todo y estar solo. No es más que un cuerpo en proceso de descomposición, una
partícula. Es trágico, pero logra aceptar la tragedia, y morir sonriendo.
La
aceptación de la muerte viene acompañada de una serie de regresiones a la
infancia…
Sí. Al final se reconcilia con él
mismo. Se reintegra, forma un todo. Eso es lo que la escena de la playa
significa para mí. Durante la película, Romain se ha reapropiado de una parte
de su infancia. Ve que, a pesar de que la vida es dura, que uno se vuelve
cínico y que las relaciones conflictivas interrumpen las cosas buenas y tiernas
de la infancia, él no es responsable de esas cosas. En la playa, finalmente
encuentra al niño que está buscando, al que no puedes dejar de querer, y se va
con esta imagen de sí mismo. En un sentido se perdona.
¿Cómo
se preparó para la transformación física necesaria para este papel?
Me empecé a preparar con mucha
anticipación. François quería que fuera más musculoso al inicio del rodaje.
Sabía que lo que me estaba pidiendo me ayudaría a concentrarme más en el rol.
Trabajé con un entrenador. Fui al gimnasio diario durante varios meses. Este
tipo de concentración te prepara para interpretar mejor un papel. También,
subir de peso antes del rodaje me permitió enflacar más fácil durante el
rodaje de la película. Y cuando tienes hambre constantemente por la dieta
draconiana en la que te han puesto, te empiezan a dar ideas muy raras. Te
obsesionas con la comida, y eso te pone en un lugar muy extraño. En el set, no
podía comer casi nada, no cenaba con el equipo, y ese aislamiento me acercó
mucho al personaje.
¿Cómo
dirige François Ozon a los actores protagonistas?
Es muy activo. No habla sobre la
psicología de los personajes. Sus direcciones son muy concretas. Sin embargo,
no duda en decir inmediatamente todo lo que piensa, de forma muy directa, seas
técnico o seas actor. Esa espontaneidad me dio mucha confianza. No se le va
una, y, aunque está activo todo el tiempo y las cosas en el set se están en
movimiento constante, no deja de trabajar hasta conseguir por lo menos dos
tomas perfectas. También, ensayamos mucho antes de iniciar el rodaje, lo cual
también me dio mucha confianza. Asistí a los castings, leí el guión con los
actores, entonces tuve la oportunidad de familiarizarme con el texto y con mis
compañeros. La preparación física, los ensayos,
la relación cercana y amistosa que tuve con François…todo eso hizo que
al inicio del rodaje yo ya estuviera lisito. Durante el rodaje, François a
veces me pedía que hiciera cosas que no estaban en el guión. Por lo general eso
me incomoda, pero en este caso me sentí seguro y confiado. Me sentí fuerte, me
convertí en Romain.
¿Cómo
fue trabajar con Jeanne Moreau?
Es impresionante. Aunque no
fuera Jeanne Moreau, es una persona extraordinaria. Cuando empieza a hablar
sobre Welles, Truffaut, Fassbinder... François y yo le hacíamos millones de
preguntas, y respondía sencilla y abiertamente. Sólo estuvo unos días en el
rodaje, pero hubo muy buena relación desde el principio. Me sentí muy cómodo
haciéndole preguntas, aprendiendo de su gran experiencia. Pero fue claro que
sobre todo le interesaba François. Yo creo que le sorprendió lo exigente que
es, en un sentido positivo. Que hacía mucho que no le exigían tanto, sobre todo
alguien tan joven. A François no le daba pena pedirle que repitieran la toma si
sentía que era necesario.
Romain
tiene cáncer, pero como público sentimos la presencia del SIDA…
En la película, la enfermedad es
más un concepto que el objeto de estudio realista. Tiempo de vivir no trata sobre la enfermedad, trata sobre la
muerte: ¿cómo lidiamos con esa ansiedad? Una vez que la muerte irrumpe en la
vida de Romain, esta se toma su tiempo. Romain vive en función de la muerte. De
alguna manera, hacia el final, ve a la muerte como una liberación, y así resuelve
la pregunta a su manera. Me doy cuenta que al interpretar el personaje de
Romain también me apropie de su forma de pensar.
Y
actualmente, ¿cómo ve esta experiencia?
Desde el inicio supe que
interpretar un papel importante en una película importante me llevaría a otro
nivel profesional y personal. Siempre quise interpretar un papel así. Gracias a
esta experiencia, me siento más sereno. Es chistoso, desde que trabajé en Tiempo de vivir, mis propias películas
se han concentrado más en la transformación y la resurrección.
|